diumenge, 21 d’agost de 2016

Els jueus i l’Egipte persa i ptolemaic



Dins del Cicle Recerca’t, Conferències d’Estiu, el Museu Cerdà de Puigcerdà ofereix la conferència “Els jueus i l’Egipte persa i ptolemaic”, a càrrec dels historiadors i egiptòlegs Josep Padró i Concepció Piedrafita.

Dimecres 31 d’agost, a les 19h
Sala de convencions del Museu Cerdà
Carrer d’Higini de Rivera, 4
Puigcerdà

dissabte, 13 d’agost de 2016

Història dels jueus mallorquins



Historia de los judíos mallorquines
Del blog Crónicas de Palma, de Bartomeu Bestard
Cronista de Palma


La presencia documental judía en la isla de Mallorca se remonta al siglo V, aunque algunos autores apuntan la posibilidad de que hubiesen llegado antes. La comunidad hebrea supo adaptarse, no sin grandes dificultades, a las diferentes colonizaciones de la Isla. Por ejemplo, tras la conquista islámica del siglo X, no pocos judíos pasaron a formar parte del alto cuerpo funcionarial de la nueva administración musulmana, y quizás ello explique que muchos de ellos viviesen en las inmediaciones del palacio del Valí (actual palacio de la Almudaina).

Cuando Jaime I asaltó la ciudad y conquistó la isla no atacó a la comunidad judía, antes al contrario, la protegió –cien años antes (1115) ya lo había hecho su tatarabuelo el conde de Barcelona (Ramón Berenguer III), durante el asalto y razia de la capital mallorquina– y se sirvió de la preparación intelectual de muchos de sus miembros. El monarca otorgó salvoconductos a todos los judíos extranjeros que quisiesen desplazarse a vivir a Mallorca. Los judíos participaron, tanto del reparto de bienes de la porción real, como de la del conde del Rosellón, Nuño Sanç. Del primero recibieron varias propiedades, entre las cuales destacó la extensa área contigua al Palacio de la Almudaina, área que la documentación denomina Almudayne judeorum, que no es sino el solar que a finales del siglo XIII ocuparían –paradojas de la historia– los dominicos para construir su convento. La historiadora Margalida Bernat sitúa la sinagoga de aquel call (o barriada judía) en el lugar en que hoy se encuentra el Parlamento Balear (en la calle Palau Reial), la cual empezó a funcionar a mediados del mil doscientos. De Nuño Sanç recibieron propiedades ubicadas en el área que tenia como ejes principales las actuales calles de Jaume II (antes Bastaixos, y más antiguamente des Segell) y la de Sant Bartomeu (antes dels Jueus). Ese barrio era conocido como el Callet, o, como denominó siglos más tarde el cronista Vicenç Mut, el Call Menor. Este barrio también contaba con una sinagoga, que Bernat localiza en el actual callejón de la Reixa, al principio de la calle de Sant Bartomeu.

Durante los años posteriores a la conquista, la vida de la comunidad judía –la aljama- no sufrió grandes sobresaltos, acaso algunas disputas internas entre los hebreos autóctonos y los recién llegados. Parece ser que los problemas empezaron a surgir con los primeros balbuceos de la nueva diócesis mallorquina, que no hizo grandes esfuerzos por disimular sus recelos hacia los judíos. Por ello, Jaime II, hacia el año 1300 –momento clave en que el monarca dio un impulso definitivo a la organización y estructuración del reino de Mallorca–, asesorado por el obispo Ponç Desjardí, ordenó que los judíos se trasladasen a vivir a una nueva zona de la ciudad, más alejada del epicentro de la urbe. En este traslado también estaban incluidos los vecinos hebreos del Callet o Call Menor. El nuevo barrio, fruto de la unión de los dos antiguos, fue denominado Call Mayor, y se ubicó en la parte levantina de la ciudad, en la partita vocata Templum et Calatrava. Éste se articuló a partir de unos ejes viarios principales identificados actualmente con las calles de: Sol, Montesión, Posada de Monserrat y Sant Alonso. Al igual que en los anteriores, se levantó un muro –murum grossum– a su alrededor que lo delimitaba. Se accedía a su interior a través de cuatro puertas: la Puerta Mayor, ubicada en la intersección de las calles Padre Nadal, Sol, Montesión y Santa Clara; la Puerta de L’Aberaudor del Temple, situada en la confluencia de las calles Sol y Pelleters, frente al castillo del Temple; la Puerta de las Torres Llevaneres, que se encontraba a la altura de la parte central del actual convento de Ses Jerònimes – cuya calle, por cierto, se ha conservado fosilizada en el interior del convento–; y finalmente, la Puerta de Santa Clara, frente al portal de dicho monasterio. A partir de la creación del Call Mayor, todos los judíos tuvieron la obligación de vivir y dormir allí, aunque pudieron mantener los locales de sus negocios fuera del recinto.

Los judíos tuvieron una organización política, administrativa y social paralela a la cristiana: la aljama. Ésta regulaba íntegramente sus vidas. Organizada jerárquicamente, tenía al consejo de ancianos –constituido normalmente por siete venerables– como institución de máxima autoridad. La sinagoga era un punto crucial en la vida de los judíos ciutadans. Era el lugar de culto y de enseñanza. Aunque en principio solo estaba permitido el funcionamiento de una única sinagoga, el Call, a lo largo de su complicada historia, dispuso de tres. La primera que se construyó, estaba emplazada en el solar de la actual iglesia de Montesión –la sinagoga mayor–. A pesar de tener unas dimensiones más bien discretas, destacó por su magnífica decoración y empaque. Jaime III la definió como de curiosam et valde formosam. No hay tiempo en tratar las vicisitudes que sufrió este templo a lo largo de su historia, sólo decir que su uso fue intermitente. Finalmente, tras el asalto al Call de 1391, fue comprada por Jaume Despuig, quien la reconvirtió en un templo cristiano bajo la advocación de Nuestra Señora de Montesión, y así se la encontraron los jesuitas en el siglo XVI. Una segunda sinagoga se construyó en el actual solar del Seminario Viejo, en la parte que da a la calle Posada de Montserrat, aunque se usó como sinagoga no más de quince años, pues también fue destruida con el asalto de 1391. Finalmente, una tercera sinagoga –la sinagoga nova– fue construida gracias a la donación testamentaria de Aaron Mani (1370) quien dejó escrita la voluntad de que se levantase una sinagoga en su casa. No se sabe cuando se erigió, pero sí se sabe que desapareció también tras el asalto. A pesar de la brutalidad de los hechos de 1391, las conversiones no fueron tan masivas como se ha dicho en más de una ocasión. El Call, aguantando grandes calamidades y vejaciones, pudo subsistir cerca de cuarenta años más. Sin duda, ayudó a su supervivencia la llegada de unos ciento cincuenta inmigrantes judíos portugueses. Fue ese colectivo el que compró la sinagoga de Aaron Maní y la volvió a rehabilitar. Su ubicación se encontraba en la actual calle Pelleteria, a la altura del Forn d’en Miquel. Duró pocos años, pues en 1435, todos los judíos mallorquines fueron obligados a convertirse al cristianismo. Algunos pudieron huir, mientras que para otros comenzó otro calvario que se mantendría durante siglos. Sólo los grandes pueblos como el judío son capaces de resistir tanto y tener tanta esperanza… tal como se puede vislumbrar en poemas como el de Marian Aguiló en Albada: L’estrella més pura/ poruga ja guaita/ tremola agradosa/ dellà la muntanya./ Benhaja l’estrella, l’estrella de l’alba!…

La resistencia judía en Mallorca. El caso singular de los chuetas

Desde la plena Edad Media, la Iglesia observaba con preocupación el incremento de judíos que se iban asentando en España (Sefarad), especialmente en las ciudades. No exagera la historiografía actual al considerar a la Sefarad medieval como el mayor centro hebraico de Europa. Como es sabido, el proceso desembocó, ya en época de los Reyes Católicos, en la creación de la Santa Inquisición y el posterior fatídico decreto de conversión forzosa de los judíos, provocando el éxodo de miles de hebreos a Portugal, Turquía, Ámsterdam, Marruecos, Liorna… En el caso de Mallorca, esta calamidad se había adelantado más de medio siglo, pues en 1435 se había declarado la Ley de Moisés caduca, y prohibida su creencia y observancia en todo el Reino. Como es lógico, un decreto no puede provocar que alguien deje de creer en lo que cree. Con ello quiero decir que los forzados a bautizarse, todos, en su ser más íntimo, siguieron siendo judíos. Ahora bien, a partir de aquí estos conversos se comportaron de manera diferente: unos huyeron a lugares dónde pudiesen seguir siendo judíos libremente; otros dejaron que su descendencia quedase asimilada y diluida entre los mallorquines cristianos “viejos” (es el caso de los Duzay, los Bonet, o judíos que se habían bautizado adoptando apellidos cristianos como Muntaner, Morro, Berard, Sureda, Moyà…). Éstos, en pocas generaciones, quedaron integrados totalmente entre los cristianos mallorquines, llegando a olvidar por completo sus orígenes judíos. Una tercera y última opción para los conversos, fue la de permanecer en Mallorca pero manteniéndose fieles al judaísmo, eso sí, en la más estricta intimidad de la familia o del pequeño grupo suprafamiliar, ocultando sus creencias al resto de la sociedad. Esa tercera opción fue seguida por no pocas familias conversas que, a pesar del paso de los años, no quedaron asimiladas en la sociedad cristiana. Este grupo, al perseverar en el judaísmo, no realizaban matrimonios “mixtos” y, por tanto, siguieron casándose exclusivamente entre los fieles a la fe de Moisés. Al mismo tiempo, habían podido heredar las propiedades que sus antepasados habían salvado tras el asalto al Call de 1391. Estos inmuebles estaban situados en la antigua y pequeña judería del Callet (el barrio de las actuales calles de Jaume II, Sant Bartomeu, Bosseria i Argenteria). Este último grupo de judaizantes, que con el paso de los años serán denominados chuetas (del catalán jueu, juetó, xuetó, xueta), sintieron siempre que formaban parte del pueblo Israel, el pueblo elegido, depositario de la Ley otorgada por Dios a Moisés en el monte Horeb, en el Sinaí.

Y aunque, como ya se ha dicho, todo este asunto fue llevado con la máxima discreción, el resto de los ciudadanos no tardaron en percatarse de la existencia de esas “vidas paralelas”.

A pesar de ello, tal como apunta Francesc Riera, durante los siglos XVI y la primera mitad del XVII, la persecución inquisitorial hacia los judíos permaneció medio dormida. En la vida cotidiana de la ciudad, los grupos mantuvieron las distancias, pero de una forma más o menos pacífica. Otros autores, como Ángela Selke, apuntan como una de las causas de esa pacificación, la corrupción de algunos inquisidores, virreyes o procuradores reales los cuales se dejaban sobornar por la comunidad chueta.

Sea lo que fuere, esta situación cambió radicalmente a partir de 1672, momento en el cual la maquinaria inquisitorial puso en marcha un proceso que involucró a un gran número de vecinos del carrer del Segell (es decir del Callet). Las causas de este golpe de timón se deben buscar, básicamente, en la confluencia de dos circunstancias: por un lado el aspecto religioso y por otro el económico. El religioso porque, lejos de extinguirse, el judaísmo en la isla, se estaba fortaleciendo gracias al contacto con comunidades judías del extranjero; y por el otro, porque algunas familias chuetas se estaban haciendo un hueco entre la oligarquía palmesana. Ello levantó suspicacias por parte de la Inquisición y el patriciado urbano.

Sin extendernos más en el tema, las consecuencias fueron detenciones e interrogatorios en masa, y el encarcelamiento de una parte importante de la comunidad chueta. A parte de todo esto, se confiscaron la mayoría de sus bienes. Las acusaciones, propiciadas por testigos como mercaderes, criadas o malsines, eran muy claras: “los de la Calle del Sagell eran tan judíos como los de Liorna”. Fueron acusados de mantener los preceptos del judaísmo: observaban el Sábat, “rabinaban” los animales (es decir, los mataban siguiendo el rito judío), celebraban la pascua hebrea (Pesaj), los viernes, al inicio del Sábat recitaban la bendición del vino (Barahá)… El proceso acabó en 1679 con el resultado de 218 chuetas condenados a penas pecuniarias, y prisión, pero no se ejecutó a nadie. Todos ellos fueron ridiculizados y sufrieron el escarnio público al ser obligados a pasearse por las calles de Palma con los sambenitos. Este juicio significó la ruina de muchos judaizantes, al mismo tiempo que propició la huída en cuenta gotas de algunos de ellos de la Isla, para poderse integrar libremente en comunidades judías del extranjero. Es necesario recordar que los judíos tenían prohibido dejar la Isla desde época medieval, para salir de Mallorca necesitaban un salvoconducto que muy pocos conseguían.

La comunidad que permaneció en Palma, a pesar de la gran represión de la década de los 70, continuó perseverando en la fe de los hebreos. La Inquisición lo sospechaba. La situación a finales de los 80 del siglo XVII se volvió insostenible para los chuetas, por lo que planearon una huida en grupo. Como es sabido el plan se fue al garete por culpa de una tormenta que no dejó zarpar el barco inglés que debía conducirles hacia la libertad. Fueron apresadas 88 personas, de las cuales 33 fueron ejecutadas a garrote vil y luego quemadas y tres fueron quemadas vivas por mantenerse fieles en la fe: el rabino Rafel Valls y los hermanos Rafel y Caterina Tarongí. Con este macabro acto se iniciaba una nueva pesadilla: la brutal discriminación a los quince apellidos que conformaban en aquellos momentos la comunidad chueta, discriminación que se extendería hasta las últimas décadas del siglo XX. Después de quinientos años de resistencia, en la actualidad, en Mallorca, algunos chuetas han regresado al judaísmo y se reúnen los viernes y sábados en la sinagoga palmesana al igual que lo hicieran siglos atrás sus antepasados.

dimarts, 14 de juny de 2016

Los 36 peldaños de la mikve de Besalú

Pastoureaux en l'assalt de Verdun-sur-Garonne, sur de França, on van morir 500 jueus
Chroniques de France ou de St Denis. Autor desconegut, s. XIV
British Library Royal MS 20 C VII, fol. 55v


Per Marcel Maresch 

Astruga Sollam era una joven presa por un amor brutal, completamente loco, un amor que yacía sobre un poso de nostalgia y que a menudo venía precedido de fiebres y temblores. Astruga había nacido por casualidad en Solsona, en el transcurso de una huida precipitada que llevaría a su familia por varias aljamas, Tárrega, Valls, Montblanc, hasta recalar finalmente en Besalú. Lo hacía en el seno de una familía judía originaria del sur de Francia, los Sollam, famosos coraleros marselleses asentados en Narbona que en el verano de 1320, ante la sacudida salvaje de los pastoureaux, habían decidido cruzar los Pirineos en busca de paz y protección. Desde niña Astruga había aprendido a lidiar con el miedo y la incertidumbre.

Continueu llegint a Mozaika


dilluns, 6 de juny de 2016

La Barcelona jueva



La Barcelona jueva (Cossetània, 2016), de Josep Alert, ressegueix la petjada dels jueus sobre la ciutat de Barcelona des de l’edat mitjana fins a l’actualitat. Quin rastre hi han deixat? Quins espais de la ciutat en conserven la petjada? Què en queda, de l’antic call, que allotjà una de les comunitats més importants de l’Europa del sud? Què se’n va fer, dels jueus barcelonins, després de l’expulsió? Què se’n sap dels que, malgrat la Inquisició, van decidir quedar-se? Quan es va recuperar el culte jueu a la ciutat? Com i quan van tornar a la capital catalana? De què fugien?

Aquestes i altres qüestions són les que trobareu en el llibre. Descobrireu, també, quantes comunitats hebrees hi ha actualment, quins jueus barcelonins han estat o són figures de renom, o quina relació hi ha entre els jueus i indrets tan destacats com el Palau de la Generalitat, la Llotja de Mar, la Barceloneta, el Pla de la Boqueria, el Poblenou, el Mercat de Sant Antoni, l’Estadi Olímpic, Montjuïc, l’Estació de França i el Camp Nou.



divendres, 3 de juny de 2016

Els calls catalans s'independitzen


Carrer de Sant Llorenç del Call de Girona
Foto: Silvia Z.


Segons informa Esteve Carrera al diari El Punt Avui, els calls catalans tindran la seva pròpia eina de promoció i divulgació del patrimoni jueu. Girona, Besalú i Castelló d'Empúries deixen la Xarxa de Jueries d'Espanya; a més dels tres municipis gironins, també en sortirà Tortosa, i Barcelona (cinquè municipi català que fins avui formava part d'aquesta xarxa), hauria de confirmar la decisió pròximament. Castelló d'Empúries és el primer dels municipis catalans que ha oficialitzat la decisió, aprovant-ho per ple aquest passat dijous, i els altres municipis gironins tenen previst fer-ho en els propers plens.

Simbòlicament, la sortida de Castelló d'Empúries és destacable perquè aquest municipi assumia la presidència de torn de la xarxa. L'exalcaldessa Assumpció Brossa va accedir a la presidència al gener i va ser substituïda el mes passat per Salvi Güell com a nou alcalde de Castelló. Güell però, va dimitir de la presidència al cap de deu dies. “Des de fa dos anys s'havien produït una sèrie d'ingerències que havien provocat malestar. Tot plegat es va agreujar fa uns sis mesos amb la incorporació d'un nou gerent i noves decisions que podien qüestionar tot el que s'havia fet de bo fins ara”, diu Güell. D'ençà de la renúncia de l'alcalde de Castelló d'Empúries, la presidència de la xarxa és a càrrec de la ciutat de Còrdova. A més de la presidència de torn gironina, la secretaria d'aquesta xarxa la portava fins avui Assumpció Hosta des del Patronat del Call de Girona. De fet, la proposta de sortir de la xarxa espanyola que ha aprovat el ple de Castelló venia avalada per un informe emès per Assumpció Hosta que destaca “la poca implicació política de molts dels ajuntaments associats i la manca d'acords presos en els darrers mesos que ha fet endarrerir alguns del projectes previstos per enguany”.

“No anàvem pel mateix camí”, confirma Marta Madrenas; l'alcaldessa de Girona –on es fundar la xarxa ara fa 20 anys [vegeu la peça]–, recalca que des de Catalunya sempre s'ha considerat el llegat jueu una eina educativa, per a la recerca i el coneixement i no només com una eina turística. En canvi a la xarxa s'hi han anat afegint ciutats que només veuen aquest patrimoni com un plus turístic, i aquesta divergència en l'enfocament de l'agrupació és, segons Madrenas, el principal motiu de la decisió dels municipis catalans de sortir de l'entitat. “No s'ha fet de manera traumàtica i possiblement podrem col·laborar amb ciutats amb què hem anat establint vincles al llarg dels anys en aquesta xarxa” diu l'alcaldessa.

Altres ciutats de l'Estat espanyol també han decidit deixar l'associació (com ara Sevilla), posant en evidència disfuncions en l'estructura. Diverses fonts consultades també indiquen que en els últims anys s'havia arribat a convocar reunions sense ni informar-ne la presidència de torn gironina, i podia haver-hi la sensació que es volia recentralitzar la xarxa a l'Estat espanyol en detriment de les terres gironines i catalanes, que van ser a l'origen d'aquesta iniciativa.

Una nova xarxa catalana

Amb tot plegat, la renúncia a formar part de la Red de Juderías que s'ha acordat entre els municipis catalans constitueix l'oportunitat d'independitzar-se d'una estructura d'àmbit estatal: els mateixos cinc municipis ja estan treballant per incorporar-se a un nou projecte encarregat pel Parlament de Catalunya: l'objectiu és la creació d'una xarxa de calls jueus catalans, amb la voluntat d'obrir-la a altres ciutats del territori (a més de les cinc que ja hi eren), i que disposin d'elements patrimonials i culturals relacionats amb la història de les comunitats jueves.

Una iniciativa que va néixer a Girona ara fa 20 anys

L'associació que ara deixen els municipis catalans és una iniciativa gironina: la ciutat de Girona va fundar la Xarxa de Jueries d'Espanya el 1995, i el projecte es va iniciar a tres ciutats: Girona, Hervás (Càceres) i Ribadavia (Ourense). En aquells inicis la xarxa no tenia personalitat jurídica pròpia, i no serà fins l'any 1997 que es constitueix l'associació, avui formada per vint-i-tres municipis: Àvila, Barcelona, Besalú, Càceres, Calahorra, Castelló d'Empúries, Còrdova, Estella-Lizarra, Girona, Hervás, Jaén, Lleó, Lucena, Monforte de Lemos, Oviedo, Palma, Plasencia, Ribadavia, Segovia, Tarassona, Toledo, Tortosa i Tudela. Sevilla va sortir-ne el desembre del 2015. La idea fundacional de tots aquests municipis, amb patrimoni cultural, artístic i arquitectònic del llegat sefardita era ajuntar esforços per promoure aquest passat.

Girona, amb el seu call, el centre Bonastruc ça Porta, el Museu d'Història dels Jueus, el Patronat Call de Girona i fins i tot una estructura dedicada a la recerca i la formació (l'Institut d'Estudis Nahmànides), ha estat el motor de la iniciativa. Besalú conserva també un conjunt patrimonial important per la presència d'un micvé (bany ritual jueu) del s. XII i vestigis d'una sinagoga del s. XIII. La comunitat jueva de Castelló d'Empúries va ser –després de la de Girona– la més important de la demarcació; s'hi han identificat les ubicacions de cementiris jueus, un call que es va ampliar i desplaçar, i dues sinagogues.

dimecres, 1 de juny de 2016

Xuetes, de l'exclusió a la identitat



El proper 4 de juny se celebra la jornada "Xuetes, de l'exclusió a la identitat", una trobada per conèixer i participar de la història i les experiències d'importants xuetes coneguts intercionalmente per les seves obres literàries, escultòriques i gastronòmiques. Hi participaran Miquel Segura , Pere Bonnín , Toni Pinya i Ferran Aguiló, entre d'altres coneguts representants d'aquesta comunitat de descendents de jueus mallorquins.

dilluns, 23 de maig de 2016

Visions cristianes del jueu en l'art gòtic català



Visita comentada a càrrec de Cèsar Favà, a la col·lecció d'art gòtic del Museu Nacional d'Art de Catalunya, que permet acostar-nos a les diverses visions que el cristianisme va propagar del jueu a la Baixa Edat Mitjana, a través de la qual es pot veure quina és la intensió que se'n desprèn, a voltes purament denotatives i a voltes amb una càrrega negativa explícita.

Dijous 26 de maig de 2016, de 18:30 a  19:30 h
Correu electrònic: reservesmuhba@bcn.cat
Telèfon: 932562122

dimecres, 4 de maig de 2016

Mordechai Ben Abir, descendent d’un jueu de Falset del segle XV

Call jueu de Falset
Foto: Àngela Llop 

Diumenge 15 de maig a les 12 del migdia, l’Ajuntament de Falset lliurarà la Medalla d’Or a Mordechai Ben Abir, descendent de Samuel Astruch Cavaller, falsetà jueu del segle XV. El lliurament (que tindrà lloc a la sala d’actes de l’Ajuntament), es justifica arran de la contribució de Mordechai Ben Abir (o Marcos Caballero) a «l’estudi del passat de Falset, per la seva vàlua humana i en reconeixement a la importància del nostre passat jueu com a poble». Mordechai Ben Abir no és el primer cop que trepitjarà la capital prioratina, com a descendent d’un jueu falsetà del segle XV.

Sis-cents anys de nissaga que Marcos Caballero ha documentat detalladament i que -més enllà de la crònica d’una família– són també la historia del poble jueu. D’aquells jueus que vivien a la llegendària Sefarad i que, en ser expulsats pels Reis Catòlics, van donar el tret de sortida a un viatge de segles i que, en aquest cas concret, ha acabat a l’Estat d’Israel després de fer port a Grècia, Turquia, l’Argentina, l’Uruguai, els Estats Units… És la història de la família Cavaller o Caballero, reconstruïda i documentada pas a pas com a tesi doctoral (llegida a la Universitat de Barcelona el 2009) de Mordechai Ben Abir, que avui dia és veí de Beersheba (Israel).


Mordechai Ben Abir, amb camisa blanca i corbata, acompanyat de veïns de Falset
durant la visita que va fer a la capital prioratina l'any 2006
Foto: Cedida a PrioratDiari.cat

Aquest cop, Marcos Caballero no ve sol a Falset. Ho fa acompanyat d’una trentena de familiars d’arreu del món (Israel, Estats Units, França, Argentina, etc), descendents tots ells d’aquell Samuel Astruch Cavaller que va deixar Falset el 1427 i que és la primera baula coneguda d’aquesta nissaga familiar. Entre ells no falten aquells que, per sortir de dubtes i arran de les recerques de Mordechai Ben Abir, s’han fet unes proves d’ADN que no han fet cap altra cosa que certificar el que diuen els papers: tots provenen del falsetà del segle XV.

Samuel Astruch Cavaller, el primer Cavaller d’aquesta nissaga, era veí de Falset al segle XV, un poble on encara avui dia hi ha memòria del call jueu, que va arribar a acollir altíssims percentatges (del 30% i del 40%) de la població total de l’època. D’aquí parteix Samuel Astruch Cavaller en direcció a Cervera, on el 1427 es casa amb Na Goig de Lunel, com ho certifica el compromís matrimonial que figura en el treball universitari de Mordechai Ben Abir. Amb el pas del temps, la parella té fills i nets. I també amb el pas temps, els Reis Catòlics decideixen expulsar aquells jueus del seu regne que no es converteixin al catolicisme. És el 1492. La majoria dels Cavaller es queden a Catalunya, més o menys resignats, però un dels néts de Samuel Astruch Cavaller s’embarca camí de l’exili. Es diu Salomon i prefereix abandonar la terra que l’ha vist néixer.

Història escrita sense que la cadena familiar es trenqui ni en una sola baula. Pas a pas ben documentat. Amb papers. Amb totes les dades de com hi va haver Cavaller que van seguir vivint a l’Imperi Otomà (a les actuals Grècia i Turquia) durant segles. De com l’odi racial els tenia sovint en el punt de mira. I de com al segle XX, l’emigració els va dur arreu del món: als Estats Units, a l’Uruguai, a Alexandria i, com és el cas del pare de Marcos Caballero, a l’Argentina. En tot aquest llarg trajecte, no hi falta ni el camp nazi d’Auschwitz, on alguns Cavaller descendents d’aquell Samuel Astruch Cavaller del Falset de l’Edat Mitja van acabar assassinats.

Marcos Caballero –el protagonista que tanca aquesta història que transcorre al llarg dels segles– va néixer el 1926, a Tucumán, a l’Argentina. Els seus pares havien emigrat a Amèrica a principi del segle XX, des de Turquia. Però, malgrat els segles, malgrat tot, la de Marcos Caballero és una d’aquestes famílies jueves sefardites que eren plenament conscients de ser-ho, i a casa seva parlaven en castellà antic. El mateix castellà amb què s’escrivien en ple segle XX amb els seus parents de Turquia, la mateixa llengua que, en molts casos, ara ha servit a l’investigador per entrevistar-se amb parents seus d’arreu del món que ni tan sols coneixia. «Em vaig criar a l’Argentina anant a veure pel·lícules espanyoles junt a tots els jueus sefardites, i les cançons que cantàvem en castellà clàssic tenien segles d’antiguitat... Parlàvem com Cervantes», conclou.

Eren els anys trenta del segle XX, gairebé 500 anys després de l’expulsió. No obstant això, el treball de recerca documental sobre la seva família s’ha desenvolupat quan ell ja era un home gran. I és que Marcos Caballero és enginyer elèctric de professió, i a això s’ha dedicat tota la seva vida. De fet, va ser un home clau en l’emigració d’estudiants i enginyers jueus d’Amèrica cap a Israel, als anys cinquanta i seixanta, en un moment que el nou Estat, acabat de néixer, estava completament faltat de mà d’obra qualificada, de tècnics de nivell de tota mena. Marcos Caballero i la seva família viuen a Israel des del 1955.

La recerca familiar, doncs, ha estat un colofó a la seva vida. «El dia que vaig trepitjar Falset és un dels més feliços de la meva existència», afirma. Ho va fer acompanyat de la seva dona, Fanny Rinland, inseparables: «Sense ella tot això no hagués estat possible», diu. «En caminar pel call jueu de Falset, era com si hagués existit sempre una connexió́ entre aquest petit poble i jo mateix, és com si els meus avantpassats m’hagin empès fins aquí», afegeix. De fet, cap dels parents pròxims a Marcos Caballero havia tornat a trepitjar la Península des que els seus avantpassats directes la van abandonar el 1492.


Font: PrioratDiari.cat

dilluns, 4 d’abril de 2016

I continuo veient les seves cares



L’exposició "I continuo veient les seves cares. Fotografies dels jueus polonesos" és una iniciativa de la Fundació Shalom, que el 1994 va adreçar una crida a la població demanant la donació de fotografies de jueus polonesos.

En aquell moment –al cap de gairebé cinquanta anys del final de la Segona Guerra Mundial– molts van dubtar de la viabilitat del projecte. Tanmateix, van començar a arribar fotografies, procedents tant dels indrets més diversos de Polònia com dels racons més allunyats del globus terraqüi. Entre els donants hi va haver habitants de les grans metròpolis i veïns de llogarets i pobles. Avui dia, la Fundació ha rebut més de nou mil imatges, enviades sobretot per polonesos, veïns o amics dels retratats, que havien conservat les instantànies durant més de cinquanta anys.




De la mateixa manera, moltes fotografies les van donar jueus polonesos repartits arreu del món –familiars de les víctimes de l’Holocaust, establerts a Israel, Veneçuela, el Brasil, els Estats Units, Itàlia, l’Argentina o el Canadà–, que s’havien endut a casa seva aquells trossos del passat. Algunes d’aquestes fotografies havien estat custodiades com a records molt preuats, d’altres es van conservar en racons oblidats, relegades a golfes i soterranis. El més veterà dels donants ara té noranta anys; el més jove, dotze.




"No sols són justos els qui han salvat com a mínim una vida. També es mereixen aquest qualificatiu els qui han contribuït a preservar la memòria". Són precisament ells els qui han fet realitat aquesta exposició fotogràfica, que es va mostrar al públic per primera vegada el 1996, a la Galeria Zachęta de Varsòvia. L’exposició va sorgir per iniciativa de Gołda Tencer, directora de la Fundació Shalom, amb la col·laboració, com a comissari i dissenyador, respectivament, de Tomasz Tomaszewski i Krzysztof Burnatowicz.




L’exposició "I continuo veient les seves cares" podria interpretar-se com un plany per un món desaparegut, al qual només podem tornar contemplant fotografies antigues. A les imatges es van congelar les siluetes humanes, les ombres de les cases, els somriures trencats fa temps i, sobretot, les cares: una varietat de rostres que avui ens revelen com eren els jueus polonesos de llavors, immersos en les seves feines quotidianes, seriosos o alegres, pensatius...




En museus de diversos països del món es conserven fotografies de jueus polonesos famosos: músics, tzadikim, pintors o escriptors. En canvi, la Fundació Shalom ha reclamat la memòria de la gent senzilla, ignorada per la Història. D’aquesta manera, els seus noms han pogut transcendir en més de quaranta ciutats de diversos racons del planeta. Destacats museus i galeries d’arreu del món han exhibit aquesta col·lecció de retrats jueus, que s’ha pogut contemplar en ciutats com Frankfurt, Munic, Hamburg, Sant Petersburg, Brussel·les, en el Centre Wiesenthal de Los Angeles, a l’Holocaust Memorial Center de Detroit, a Boston –on l’exposició va ser inaugurada pel Premi Nobel de la Pau, Eli Wiesel–, a St. Petersburg (Florida), Brussel·les, l’Haia, Nova York, Toronto, Mont-real, Mèxic, San José, Buenos Aires, Praga, Vilna, al Yad Vashem de Jerusalem, i també a Poznań, Łódź o Cracòvia.

El fruit d'aquesta mostra és també un llibre bilingüe (polonès / anglès) il·lustrat, I continuo veient les seves cares (disseny i projecte gràfic: Lech Majewski, redacció: Anna Bikont), guardonat en 1996 amb el primer premi en el concurs de l'Associació Polonesa d'Editors, que el va anomenar la publicació més reeixida de l'any. El contingut del àlbum està disponible a la pàgina web de la Fundació Shalom.